La Gerencia de Atención Integrada de Manzanares (Ciudad Real) ha puesto en marcha un programa de actividades formativas y de educación para la salud dirigido a padres, madres y educadores, centrado en el uso de las pantallas en la infancia y la adolescencia. La iniciativa busca analizar los efectos que un uso inadecuado o una exposición excesiva a los dispositivos digitales puede tener sobre la salud física, mental y social de los menores.
Las sesiones se están desarrollando en la biblioteca municipal Lope de Vega y cuentan con la colaboración del Ayuntamiento de Manzanares. En ellas se aborda una realidad cada vez más presente en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes: el uso habitual de teléfonos móviles, tabletas, ordenadores y televisión. Desde el ámbito sanitario, la evidencia científica señala que el impacto de estas pantallas depende fundamentalmente del tiempo de exposición, del tipo de contenidos y del grado de supervisión adulta.
En este sentido, Juan López, enfermero del Centro de Salud Manzanares 1 e integrante del equipo docente —formado por dos enfermeros y una enfermera residente—, destaca la importancia de que las familias conozcan las recomendaciones de la Sociedad Española de Pediatría. “Nuestro objetivo es ofrecer pautas prácticas que puedan incorporarse a la rutina del hogar y ayuden a prevenir las consecuencias del uso excesivo de las pantallas”, señala.
Los profesionales recuerdan que los dispositivos digitales no son perjudiciales por sí mismos, pero advierten de que un uso desmedido, sin control adulto y con contenidos inadecuados puede afectar negativamente a la salud y al desarrollo de niños y adolescentes. Por ello, insisten en que el equilibrio y la educación digital son elementos clave.
Desde la salud pública se recomienda limitar el tiempo de uso recreativo de las pantallas, evitar su utilización antes de dormir, fomentar la actividad física diaria y el tiempo al aire libre, así como acompañar y orientar a los menores, especialmente en las primeras edades. Más que prohibir, el objetivo de estas acciones es promover un uso responsable, consciente y adaptado a cada etapa del desarrollo.
Riesgos físicos y emocionales
Desde la perspectiva de la salud mental y emocional, un uso excesivo de pantallas se ha asociado con un mayor riesgo de síntomas de ansiedad, depresión, irritabilidad y baja autoestima, especialmente en la adolescencia. También se ha observado relación con dificultades de atención y concentración cuando el tiempo de pantalla es muy elevado.
Además, el uso intensivo de redes sociales puede aumentar la comparación social, la presión por la imagen corporal y la exposición a situaciones de ciberacoso, lo que influye negativamente en el bienestar psicológico. “Temas que se abordarán también relacionados con los adolescentes y jóvenes”, explica Juan López.
Las charlas se han organizado por tramos de edad, ya que nos son los mismos efectos los que tiene el uso de pantallas en los menores de 3 años que en los jóvenes adolescentes”, añade el enfermero de Atención Primaria.
En cuanto a la salud física, el tiempo prolongado frente a pantallas favorece el sedentarismo, lo que puede contribuir al aumento de peso y a un mayor riesgo de problemas cardiovasculares a largo plazo. También se ha relacionado con molestias musculoesqueléticas, como dolor de cuello y espalda, debido a malas posturas. A nivel visual, el uso intensivo de pantallas se asocia con fatiga ocular, sequedad en los ojos y un mayor riesgo de desarrollo o progresión de la miopía, especialmente cuando se reduce el tiempo al aire libre.
El sueño, otro aspecto clave
El sueño es otro aspecto clave. El uso de pantallas, sobre todo antes de acostarse, puede alterar los ritmos de sueño. La luz emitida por los dispositivos y la estimulación cognitiva dificultan conciliar el sueño y reducen su calidad. Dormir menos o peor afecta al estado de ánimo, al rendimiento académico y a la regulación emocional.
Respecto al desarrollo cognitivo y social, el impacto no es siempre negativo. El uso moderado y con contenidos adecuados puede tener beneficios educativos y favorecer el aprendizaje digital. Sin embargo, cuando el tiempo de pantalla desplaza actividades fundamentales como el juego activo, la lectura, la interacción social presencial o el descanso, puede afectar al desarrollo integral del menor.








